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Por un Frente de Izquierdas de IU con los sindicatos de clase

¡Los MERCADOS nos piden sacrificios! ¡Los gobiernos deben satisfacer las exigencias de los MERCADOS! ¡Es necesario que nuestra vida cambie, a mayor explotación, más desempleo, menores salarios, menos prestaciones sociales...! Y todo ello ofrecido en sacrificio, en el altar de los MERCADOS! ¿Pero quienes son “los mercados”? Toda ignorancia, toda religión alienante, todos los regímenes autoritarios, son sustentados por las clases dominantes, que tienen sus dioses y sus reyes, parapetándose tras ellos, moviendo los hilos, con sus arcas repletas del dinero que roban a los trabajadores. Este nuevo ídolo también es una farsa para esconder los nombres de los poderosos. Los “mercados” tienen nombre y apellido; los mismos que ostentan los más importantes banqueros y empresarios del mundo. Y cuando el presidente Zapatero, se decide a escenificar su disposición a “calmar a los mercados”, nos lo deja muy claro: convoca a los representantes de las 37 empresas y entidades financieras más poderosas del Estado español. No convoca a los parados, a los que carecen de vivienda, a los que padecen los recortes del gasto en sanidad o en seguridad social, no se dirige a los hombres y mujeres comunes que luchamos por llegar a fin de mes. Se dirige a aquellos mismos que nos explotan en el trabajo cotidiano.

Necesitamos una IU socialista y democrática

Pierde el PP, pero se debilita la izquierda

El voto de izquierdas ha vuelto a dejar a la derecha fuera del gobierno por segunda vez consecutiva en las últimas elecciones generales. Afortunadamente, el PP seguirá alejado de la Moncloa. El PSOE prácticamente repite el mismo resultado en votos, a pesar de que fagocita parte del resto del voto de izquierdas —de Izquierda Unida en particular—, por lo que realmente se ha producido un debilitamiento del voto de izquierdas global, mientras la derecha mantiene firme su respaldo en las urnas. Y eso es un aviso preocupante para el futuro. La derrota de las huestes marianas no implica que se van a desarrollar políticas que consoliden un gobierno de izquierdas y desarrollen un proceso de transformación social. Por el contrario, todo propicia un nuevo ejecutivo todavía más escorado hacia la moderación que el anterior, que va a entenderse con el PNV y, sobre todo, con CiU en materia de política económica y social. Todavía más, se renueva el intento de llegar a consensuar con el PP los temas llamados de Estado, empezando por la política en materia de terrorismo. El nombramiento de José Bono como Presidente del Parlamento es todo un símbolo de la nueva legislatura.

Pensionazo, reforma laboral, recorte del gasto, paro, precariedad…

El Gobierno ha pedido una gran Pacto anti-crisis. CiU y PNV siempre han abogado por él. El PP se resiste a entrar, pues sólo desea que el PSOE se desgaste para volver a La Moncloa cuando la economía remonte y le hayan hecho parte del trabajo sucio. ¿Cuál es el objetivo del pacto? El presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), lo explica sin rodeos: «Los sacrificios y esfuerzos que habría que hacer son tan grandes que ningún partido político soportaría el desgaste de hacerlo por sí solo»… «Y si es necesario que sea a puerta cerrada, como se hizo en los Pactos de la Moncloa»1. Quieren aplicarnos la misma terapia que a Grecia y ese pacto busca hacernos digerir el ajuste sin perder la «paz social». Desde luego sí hace falta un acuerdo, pero del conjunto de la izquierda para movilizarse y exigir una política beneficiosa para los trabajadores, no un nuevo ataque. En resumen, si no luchamos, los trabajadores seguiremos pagando los platos rotos de la crisis.

El PSOE ha vuelto a ganar las elecciones generales. Con más del 43% de los votos le saca tres puntos porcentuales al PP y casi 900.000 votos. El PSOE ha obtenido el mayor número de votos de su historia, superando ligeramente los resultados de 2004 e incluso los de la victoria histórica de 1982, aunque hay que tener en cuenta el aumento de la población en estos últimos 25 años. A pesar de esos datos, el 43% queda lejos del 48% obtenido el en 82.

Gobierno, patronal y sindicatos apuestan por el diálogo social como medio para superar la crisis económica. El presidente Zapatero ha declarado que el 18 de junio se reanudará el diálogo social. El 20 de mayo la CEOE emitió un comunicado en el que expresaba «su firme compromiso con el diálogo bilateral y tripartito». El mismo día, los dirigentes de UGT y CCOO presentaban un documento con sus propuestas para el acuerdo horas antes de reunirse en secreto con el Gobierno y la patronal.
 

Malas perspectivas para el crecimiento económico

A primeros de septiembre, el presidente Zapatero declaraba que la economía española juega en la «Champions League de las economías mundiales», es «la que más partidos gana, la que más goles ha metido y la menos goleada». El presidente hacía esas declaraciones en respuesta al temor suscitado por el efecto de la crisis de las hipotecas «subprime» en la economía española. Sus palabras recuerdan demasiado al «España va bien» de otros tiempos, y no cuadran en boca de un presidente «socialista» cuando la realidad de la mayoría de las familias trabajadoras está muy alejada de ese entusiasmo y hay suficientes motivos para temer un empeoramiento de su situación en los próximos años.

Las elecciones son siempre una imagen fija de las dinámicas de la sociedad. Los comicios del 9 de junio al Parlamento Europeo han destacado, sobre todo, el declive de las principales organizaciones tradicionales de la izquierda. Más que una victoria de la derecha es necesario hablar de una nueva derrota de la izquierda, pues la abstención es un fenómeno que afecta desde hace años a ésta. La causa de esa situación es tanto la desmovilización social como la falta de alternativa real a los problemas que tiene planteados la clase obrera europea. Una tarea ineludible, pues estas elecciones ponen de manifiesto que no basta apelar a la necesidad de frenar a la derecha para ganar, además hay que demostrar que se tiene una alternativa de izquierdas real. La crisis del capitalismo, con dramáticas consecuencias para millones de trabajadores, está haciendo más evidente la necesidad de ese rearme político y de poner el énfasis de la labor de la izquierda en la movilización.

“Quién no se consuela es porque no quiere” dice el refrán y, a tenor de las declaraciones de los principales dirigentes, todos han ganado en las elecciones autonómicas y municipales del 27-M. El PP se apunta el tanto por ser el partido más votado y el PSOE se agarra a su mayor número de concejales. Sin embargo, la realidad es que mientras la derecha moviliza a su electorado, el voto de izquierdas sigue deteriorándose, por no hablar de la militancia. En Catalunya, a pesar de más de cuatro años de gobierno de la izquierda, el índice de participación sigue bajando. La abstención es un fenómeno que afecta cada vez más a la izquierda, sacando a relucir una crisis muy profunda. Tampoco IU puede sacar pecho, ya que pierde apoyo en casi todas partes pues los resultados de Madrid, muy modestos en cualquier caso, son la excepción a la norma.

El Gobierno pone el erario público al servicio de las grandes empresas

La economía española está en crisis. Los mismos que decían que gozaba de «buena salud» responsabilizan a la crisis financiera de la situación, pero eso es poner el carro delante de los bueyes. La realidad es que ya tenía muy mala salud antes del colapso bancario. El Gobierno de Rodríguez Zapatero, como el resto, ha puesto el erario público a disposición de los entidades financieras, consolidando la socialización de las pérdidas de los años de borrachera especulativa y abundantes beneficios privados. No se pueden respaldar esas políticas y pedir que no se cargue la crisis sobre los hombros de los trabajadores, son cosas incompatibles. Ante la crisis del capitalismo destaca más la de la propia izquierda. Si queremos devolver al movimiento obrero la iniciativa ante las renovadas agresiones a sus condiciones de vida y trabajo hemos de dotarlo de una alternativa: la intervención pública de los resortes centrales de la economía, que posibilite su planificación democrática en defensa de los puestos de trabajo y de los derechos sociales.