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Factory de Foxconn

El Gobierno del PP se ha pasado el verano insistiendo en que estamos al final de la crisis y en vísperas de una recuperación de la economía. Ha sido especialmente patética la reacción ante la reducción del paro en agosto en ¡31! personas, a la par que se reducía la afiliación a la Seguridad Social en 99.000 personas. De hecho, hay 73.000 parados más que en agosto del año pasado. ¡En realidad disminuye el número de personas trabajando! Y el empleo que se crea es precario y en malísimas condiciones.

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¿Hay motivos objetivos para el optimismo del Ejecutivo de la derecha?

Todas las declaraciones oficiales hacen referencia a la “desaceleración de la caída del PIB” como indicador técnico de la salida de la recesión. Sin embargo, es evidente la absoluta falta de correlación entre la actividad y el PIB ya que es inexplicable que una caída del 3,6% en el período 2007-2012, haya supuesto un incremento en el desempleo de casi 17 puntos porcentuales sobre la población activa. Una cifra similar de crecimiento del paro en Grecia ha ido acompañado de una caída del PIB superior al 20%. Desde la perspectiva oficial se argumenta que el empleo perdido era muy poco productivo pero esa explicación no es en absoluto coherente[1]. La hipótesis más razonable con los datos disponibles muestra que existen graves problemas metodológicos a la hora del cálculo del PIB y de sus variaciones anuales por lo que no ha reflejado la auténtica gravedad de la crisis. Parece evidente que el PIB en España está claramente “inflado” por lo que defender la “salida de la crisis” por la existencia de mínimas variaciones del mismo no parece consistente [2].

Veamos, en primer lugar, las perspectivas del propio Gobierno:

[1] Los datos proporcionados por la Central de Balances del Banco de España y los de la Agencia Tributaria que se obtienen de las grandes empresas no reflejan el presunto aumento de productividad de los trabajadores que no han perdido su empleo. Más bien ha sido al contrario. Las grandes empresas han sufrido en el período 2007-2012 una pérdida de productividad superior al 16% ya que su facturación ha caído mucho más rápido que los salarios de sus trabajadores.

[2] Juan Carlos Barba. Más dudas sobre la fiabilidad del PIB español. http://blogs.elconfidencial.com/economia/grafico-de-la-semana/2013/05/24/mas-dudas-sobre-la-fiabilidad-del-pib-espanol-11338

Datos de la “Actualización del programa de Estabilidad. Reino de España, 2013-2016”.

Incluso aceptando los supuestos macroeconómicos de crecimiento del PIB publicados por el Ministerio de Economía, la situación dista mucho de poder ser considerada como positiva. Como vemos, hasta 2018 el paro no bajaría del 20%, y habrá que esperar hasta 2019 para llegar a un 14,9% de paro. Ni siquiera entonces prevé el Gobierno que la economía pueda volver a niveles previos a la crisis. De hecho, esperan que el paro siga creciendo hasta 2014 y empiece a reducirse sólo a partir de 2015. De Guindos ha hecho público su convencimiento de que la situación va a “mejorar”, el paro quedará ligeramente por debajo del 27,1 previsto y la economía crecerá una décima más en 2014, y una mejoría ligera del crecimiento en 2014[1].

Por tanto, ni siquiera con este optimismo sobrevenido espera variaciones sustanciales del escenario que preveían hace un año.

Es especialmente esclarecedor lo que está ocurriendo con la denominada población activa que sigue en caída libre. Uno de los motivos es el descenso de la población (baja natalidad y emigración superior a inmigración) y el otro es la falta de actividad y de expectativas, y que fuerza a que aquellos que están en edad de trabajar, hartos de esperar, deciden abandonar el mercado laboral y formar parte de la población inactiva.

Según las cifras publicadas por el Banco de España a partir de la Encuesta de Población Activa, de junio, la variación interanual de la población activa ha descendido unas 350.000 personas, de los cuales 143.000 se debe a descenso poblacional, y el resto, 206.000 a la falta de expectativas.

Esto supone un verdadero riesgo y una muestra de las evidentes dificultades del crecimiento potencial que quieren vendernos. Tenemos 15.465.000 de personas inactivas, lo que sumado a los 5,9 millones de parados de la EPA y los 8 millones de jubilados, resulta que más de 28 millones de personas están fuera de la actividad.

Si en la última EPA (el II trimestre de 2013), el paro era de 5.977.500, con una tasa del 26,26%, la previsión implica que habrá en torno a 3.400.000 parados en 2019. Por tanto, los trabajadores difícilmente podemos tener ninguna esperanza con este Gobierno. El paro es crónico desde hace décadas (nunca bajó sustancialmente de los 2 millones) y, ahora, se cronifica a un nivel superior.

Y el empleo que se está creando, y que se creará, será mayoritariamente precario. El propio Ejecutivo basa sus perspectivas en una contención de los salarios, que en sus previsiones crecen siempre por debajo del PIB, y lo basa todo en un aumento de la inversión que no empezaría a crecer hasta 2014, vinculado también a un aumento constante de las exportaciones por encima de las importaciones.

[1] http://economia.elpais.com/economia/2013/09/04/actualidad/1378303731_583919.html

El objetivo del Gobierno es, mediante la intensificación de la explotación de los trabajadores (aumento de la tasa de plusvalía), aumentar la rentabilidad de las inversiones. No podemos olvidar que el punto de partida de esta crisis es la caída de la inversión, en España y en la Unión Europea. La caída del consumo es una consecuencia que agrava la crisis, pero no la causa.

Elaboración propia a partir de datos de Eurostat

Y la misma dinámica ha habido en la UE-12 (la zona Euro), con una caída de la inversión de 250.000 millones de euros en 2009 sobre 2008, mientras el consumo de los hogares caía en casi 72.000 euros (datos de Eurostat), por lo que, y es rotundamente claro en el caso del Estado español, el problema de partida es la caída de la inversión, no el consumo.

Por eso hablamos de que hay una crisis de SOBREPRODUCCIÓN, no porque no hubiera una capacidad de consumo (que obviamente era limitada), sino porque hay más medios de producción de los que el capitalismo es capaz de usar. ¿Con qué finalidad emplea el capitalismo los medios de producción? Pues no para atender necesidades sociales, sino para obtener beneficios. El capital no invierte ordenadamente, sino buscando la máxima rentabilidad a corto plazo, cuando un sector en está en auge, el capital acude a él y lo estimula hasta que hay un exceso de capacidad productiva (incluso provocando burbujas, que son propias de una economía de mercado), entonces, la rentabilidad cae y se abre una crisis. Así ha sucedido en el sector inmobiliario y, en general, en el conjunto de la economía. Por eso estamos en crisis. Hay un enorme exceso de capacidad productiva, no desde el punto de vista de las necesidades, sino de la utilización rentable de dichas fuerzas.

La forma capitalista de resolver esto es una masiva destrucción de fuerzas productivas, la recuperación de la tasa de ganancia y la creación de nuevos mercados, unida a la explotación más intensa de los existentes. Estamos asistiendo a una destrucción de fuerzas productivas, tanto materiales como humanas. La destrucción de empleo masiva (unos de 3 millones de empleos hasta 2012), de los cuales más de medio millón corresponden a la industria. La destrucción de la actividad de investigación y ciencia, con cierres y despidos masivos, suponen un retroceso dramático para la economía española. La utilización de la capacidad productiva es todavía muy baja, con lo que no cabe esperar grandes inversiones ni que cese la destrucción de capital fijo:

Encuesta de Coyuntura Industria. Ministerio de Industria, Energía y Turismo

Es como el capitalismo hace las cosas, destruyendo las fuerzas productivas para tratar de recuperar la rentabilidad y nuevos mercados que permitan una nueva acumulación de capital. La recuperación de la tasa de plusvalía, es decir, la explotación más intensa de los trabajadores ya está funcionando a todo gas. La destrucción de empleo y la reducción de salarios no son “errores” o “fallos” del sistema, sino el instrumento habitual del mismo para restaurar las ganancias de las empresas.

Fuente: elaboración propia a partir de datos del Instituto Nacional de Estadística, INE

Pero no es suficiente, hay que continuar destruyendo parte de la capacidad productiva, explotar más intensamente los mercados existentes y abrir nuevos. Eso ya se está haciendo con el crecimiento de las exportaciones y la sustitución de importaciones por producción propia (según afirma el propio Gobierno), y con las nuevas privatizaciones que integran en el mercado servicios públicos (sanitarios, educativos…) es decir, los convierten en nueva fuente de negocio.

El aumento de las exportaciones, en realidad, no es ninguna novedad, pues estas llevan años creciendo (y denotan que la industria española no es que no fuese “competitiva”, sino muy débil numéricamente). El factor determinante para corregir el déficit comercial está siendo, además la reducción de las importaciones por la extrema debilidad de la demanda interna.

Fuente: Secretaría de Estado de Comercio, Ministerio de Economía y Competitividad

Fuente: Datos en millones de €. Elaboración propia a partir de datos de Banco de España

En el período 2000-2012, el déficit por cuenta corriente que muestra el saldo de nuestra balanza con el exterior de bienes, servicios, rentas y transferencias ha sido de 661.098 millones de euros lo que ha supuesto un crecimiento disparatado de la deuda externa.

La corrección del déficit de la balanza por cuenta corriente (superávit de 1.358 millones de euros en el primer semestre de 2013) lo único que ha conseguido es evitar que se incremente el astronómico volumen de endeudamiento externo neto que se ha estabilizado en cifras cercanas al billón de euros. La propaganda oficial no parece haberse fijado que serían necesarios 243 años al ritmo conseguido en el primer semestre del año para volver a un endeudamiento externo similar al del año 2000.

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Banco de España

La clase trabajadora tampoco vería resuelto sus problemas mediante un aumento de la productividad del “capital” con más inversiones en capital fijo, en maquinaria, y propiciando una producción con más valor añadido por hora trabajada. Dichas medidas no sirven para acabar con el desempleo, pues precisamente lo que buscan es ahorrar en mano de obra y explotar más intensamente la que existe. Y no hay que ir muy lejos: en Alemania, la gran economía exportadora de la UE ha reducido sus trabajadores industriales durante los años previos a la crisis, a la par que aumentaba su producción. Esa es la consecuencia natural de aumentar la productividad. La mayor parte del empleo creado en Alemania es de mala calidad. Hay 6,1 millones de personas con subsidios: “Los receptores de la ayuda social en Alemania —un total de 4,4 millones de adultos en condiciones de trabajar y 1,7 millones de niños y jóvenes que en 2012 le supusieron al Estado 37.100 millones de euros— no figuran en las estadísticas oficiales del paro[1].”

Por lo que, en ningún caso CABE ESPERAR UNA SOLUCIÓN AL DESEMPLEO que se cronificará a un nivel todavía más alto que en el periodo anterior. Y, además, la mayoría del empleo que se cree será de mucha peor calidad, con más horas de trabajo, menos sueldo, y en peores condiciones, como certifican todas las estadísticas y sufren los trabajadores. Por ello, incluso en la mejor de las perspectivas, el Gobierno se equivoca si piensa que va a recuperar apoyo social en el supuesto de una reactivación económica que ellos mismos prevén débil y que, es posible que apenas si sea una reactivación.

Además, de estos factores, hay que tener en cuenta que el último auge llegó tan lejos gracias a una masiva inyección de crédito, con un papel destacadísimo en el desarrollo del sector de la construcción e inmobiliario. Pero no sólo en él. Todas las grandes empresas, que en el Estado español son el grupo más endeudado, han crecido dopadas por el crédito masivo. Y el volumen de crédito en la economía, incluida la deuda de las empresas no se ha reducido significativamente, pero sí ha aumentado la deuda pública que pasa de un 40% antes de la crisis a aproximarse al 100% del PIB [2].

[1] http://internacional.elpais.com/internacional/2013/08/31/actualidad/1377974637_127375.html

[2] El sobreendeudamiento es fundamentalmente de origen privado y no público. La deuda privada de instituciones financieras, empresas y familias ha crecido en los ocho años previos al estallido de la crisis a ritmo rapidísimo. A partir de 2007 son las administraciones públicas las que incrementan su deuda de manera muy rápida recogiendo el testigo de los agentes privados. http://matoeconomia.blogspot.es/img/debt2012.pdf.

Se ha producido un trasvase de la deuda del sector privado hacia el sector público, fundamentalmente por el desplome de la recaudación de impuestos, el gasto financiero de una deuda descomunal y el rescate bancario.

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Banco de España

El Banco de España reconoce que se han dado en ayudas más de 61.366 millones a los bancos, pero eso sólo es en concepto de capital[1]. El total de ayudas públicas a los bancos supera los 632.220 millones de euros sin tener en cuenta el aval estatal implícito a los depósitos inferiores a los 100.000 euros[2]. La situación de los bancos se agrava conforme más dura la crisis, pues crece la morosidad de las familias y de las empresas, que ya supera el 11%, y más tienen que endurecer las condiciones para dar crédito pues necesitan sus recursos para pagar sus propias deudas. Pero, a su vez, esa dinámica reduce el volumen del negocio bancario, y se crea un círculo vicioso en el que la situación del sector financiero agrava la de la economía, y la de ésta agrava la del sector financiero. Los nuevos análisis de la situación del sector financiero español demostrarán que seguirán siendo necesarias nuevas ayudas públicas[3]. Todo esto, azuzará aún más los recortes del gasto público.

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Banco de España

[1] http://www.bde.es/f/webbde/GAP/Secciones/SalaPrensa/NotasInformativas/Briefing_notes/es/notabe02-09-2013.pdf

[2] http://matoeconomia.blogspot.es/img/aypub2012.pdf

[3] La troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) realizará la última semana de septiembre la cuarta de las cinco revisiones contempladas en el Memorandum de Entendimiento de ayuda a la banca.

Aunque las declaraciones oficiales consideran resuelto la reestructuración del sistema financiero, los datos muestran que están lejos de darse las condiciones objetivas que permitan creer esta afirmación. La deuda de las instituciones financieras está en cifras máximas por lo que el proceso de “desapalancamiento” está lejos de haber llegado a su fin. Pero no es ese el único problema que puede terminar de estallar en los próximos ejercicios ya que el actual nivel de deuda es insostenible, además de para las instituciones financieras, para las empresas, administraciones públicas y familias. Es absolutamente imposible la amortización de ese volumen máximo de endeudamiento y será inevitable una profunda reestructuración que, inevitablemente conllevará reducciones de la misma, para evitar un colapso financiero de enorme magnitud.

¿De qué manera inyectan dinero en la economía los bancos centrales?: Las soluciones monetarias

La Reserva Federal norteamericana, FED, compra activos, sobre todo bonos, de las entidades privadas, básicamente bancos. La idea es que éstos lo inyecten en la economía prestándolos. Es muy parecido a darle a la máquina de hacer dinero, pues los dólares con que paga los “crea” la propia FED. El balance de la FED va a crecer hasta el 18% del PIB norteamericano si sigue comprando al ritmo actual (supera el 15% del PIB ahora). La actuación del Banco de Japón (BoJ) es aún mayor en este sentido, esperando que el Balance del BoJ llegue al 40% del PIB en los próximos dos años, con una masiva inyección de dinero.

El BCE no llega tan lejos, pero aplica una política similar: compra activos de riesgo a los bancos, está dispuesto a comprar bonos de países con problemas sin límites, ha reducido los tipos de interés hasta el 0,50% [1]…

En cualquier caso, los bancos centrales no tienen capacidad de impulsar el crecimiento que el sistema capitalista demanda. Únicamente tienen capacidad para actuar sobre los síntomas de la enfermedad y no sobre las causas profundas de la misma. Además, incluso en esa función se puede establecer que no han actuado de manera suficientemente agresiva para diluir el descomunal volumen de deuda existente porque eso hubiera supuesto un perjuicio considerable para los acreedores de la misma.

Para poder pagar las deudas, la economía tiene que crecer [2]. Las previsiones del gobierno para la economía española se basaban en un contexto más optimista del crecimiento mundial:

 

Crecimiento global 2013 2014
Previsión gobierno [3] 4,0 4,5
Previsión FMI 3,1 3,8
Y para la zona Euro 2013 2014
Previsión gobierno 0,1 1,6
Previsión Eurostat -0,4 1.2
Previsión FMI -0.6 0.9

 

[1] http://blogs.elpais.com/con-euros-y-a-lo-loco/2013/06/bancos-centrales-en-la-cuerda-floja.html

[2] Aunque el PIB es un indicador absolutamente insuficiente para medir el crecimiento de los países, no podemos menos que utilizar este indicador como termómetro de la capacidad de una economía para devolver los créditos contraídos previamente.

[3] Excluido UE

Previsiones del Gobierno del “Actualización del programa de Estabilidad. Reino de España, 2013-2016”. La de Eurostat se puede comprobar en su web, y la FMI en la suya

http://www.imf.org/external/spanish/pubs/ft/survey/so/2013/new070913as.htm

El FMI ha ido reduciendo las perspectivas de crecimiento de casi todos los países en su última previsión de julio de este año. Estados Unidos crecería un 1,2% este año y un 2,7% el que viene, las cuales son cifras menores que las que tuvo en la salida de otras recesiones. Pero lo más significativo es la ralentización de las llamadas economías emergentes, entre las que destaca China. La previsión del FMI es de un crecimiento del 7,8% este año y del 7,7 en 2014. Pero la OCDE ya ha bajado la previsión para China al 7,4% este año. ¿Qué está sucediendo? Veamos la evolución del comercio mundial.

Si nos fijamos hay un debilitamiento tanto de las exportaciones como de las importaciones. Estados Unidos vio como sus exportaciones crecían en 2010, pero luego empezaban a perder fuelle. Esa ha sido la dinámica general. Igualmente, en el caso de China, sus exportaciones han decrecido drásticamente entre 2010 y 2012. Dado que las economías están enormemente integradas, una caída de las importaciones de China, la paga EEUU y otros países del área asiática. Y viceversa.

Por otro lado, lado la situación de China es clave para entender las perspectivas económicas, pues si ella empieza a crecer menos, arrastrará al resto de países, con consecuencias en el crecimiento mundial. Un ejemplo es América Latina, que es exportadora de materias primas. La caída de la demanda de China, y la previsión de que siga haciéndolo, ya está poniendo en apuros a países como Brasil y otros. En otras palabras. La crisis se está extendiendo al resto del mundo. Y va a tener consecuencias políticas.

En la ralentización de China entran en juego factores internos muy importantes, que merecerían una discusión específica, y que sólo podemos enunciar.

  1. China ya no es un mero fabricante de productos intensivos en mano de obra, sino que la composición de capital de sus empresas ha crecido mucho. De hecho, la tasa de inversión en relación al PIB de China ha sido, y es, mucho más alta que en los países desarrollados. Ese factor alimenta una reducción de la tasa de ganancia.
  2. A eso se suma una reducción de la tasa de plusvalía, en la medida que las luchas de los trabajadores están consiguiendo aumentar sus salarios y mejorar sus condiciones de trabajo. Lo que supone otro factor reductor de la tasa de ganancia.
  3. Además, se ha recurrido masivamente al crédito para seguir manteniendo una alta tasa de crecimiento, en parte para compensar la caída de las exportaciones con obra pública y vivienda. Eso ha alimentado una burbuja que ahora parece que puede estallar. Las empresas e instituciones públicas están enormemente endeudados. Parece que el recurso al crédito también está alcanzando su límite en China y que se puede pasar del “efecto riqueza”, al “efecto pobreza”.

Todos esos factores, junto con la caída de las exportaciones, parece que muestran que China está sufriendo los efectos propios de una economía capitalista desarrollada. Es decir, está en la antesala de su primera crisis de sobreproducción. Muchos analistas esperan un “aterrizaje suave”, como se esperaba en el Estado español y en los países capitalistas desarrollados, pero el hecho es que los desequilibrios naturales en una economía capitalista siempre se resuelven con crisis.

¿Cuál es la conclusión? Los países no pueden resolver esta crisis a base de exportar más e importar menos, es decir, unos a costa de otros. Parece claro que el Estado español está lejos de haber resuelto las causas de la crisis y la situación a nivel global no va a resolver las dificultades de manera inmediata.

De hecho, no basta con intensificar la tasa de plusvalía, es decir, aumentar la explotación de los trabajadores. Además es necesario destruir una gran cantidad de fuerzas productivas, o encontrar nuevos sectores a desarrollar, que permitan un nuevo proceso de acumulación capitalista: crecimiento y altas tasas de rentabilidad. Tras la depresión del 29, la crisis consiguiente no fue superada hasta después de la Segunda Guerra Mundial, que creó esas condiciones.

Finalmente, la economía capitalista ha utilizado, como en el caso español, el crédito para prolongar el auge más allá del los límites “naturales” del sistema.

Todos los elementos nos llevan al mismo diagnóstico: La incapacidad del sistema para generar “crecimiento sano neto” se intenta superar con la deuda y esto condena al fracaso a largo plazo a las actuaciones monetarias. Antes o después éste colapsará porque será imposible afrontar sus obligaciones. ¿Cuántas revoluciones industriales y mejoras de productividad necesitaríamos para mantener el sistema? Demasiadas para el límite físico del planeta en que vivimos.

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