Archivo digital de la revista marxista Nuevo Claridad

Fallece Manuel Pérez García

Manuel Pérez García ha muerto a los 82 años. Manuel nació en febrero del 31 en Málaga. Malagueño de nacimiento fue asturiano de adopción. Emigró en 1953 a Avilés cuando se estaba construyendo la siderúrgica ENSIDESA, en la que trabajó hasta su jubilación. Sindicalista infatigable y comprometido con su clase desde la época de la clandestinidad a principios de los años 70. Fue cofundador de la UGT en Avilés y primer secretario general de la comarca en los años de la Transición. Fue miembro del Comité de Empresa durante años. En 1980 se pasó a CCOO porque pensaba que “había más compromiso con el movimiento obrero”. Después de jubilarse en 1990 fue secretario general del sindicato de jubilados y pensionistas de CCOO en Asturias y perteneció a la Comisión Ejecutiva Regional de CCOO de Asturias. Marxista convencido participó también activamente en IU.

Como trabajador, como sindicalista y como padre de una amplia familia fue, en muchos aspectos, un modelo para todos nosotros, para todos sus compañeros. Te echaremos de menos igual que te echarán de menos las calles y los ríos de Asturias. Por las calles que en las que luchaste, continuaremos tu lucha, y por los ríos que recorrías con tu caña, pasearemos, siguiendo tus pasos. ¡Adiós, compañero, tu recuerdo nos impulsará en la lucha por un mundo nuevo!

La auténtica memoria de la Transición

Manuel Pérez García, dirigente del sindicato de jubilados y pensionistas de CCOO en Asturias, nos habla de la lucha contra la dictadura

En recuerdo del compañero Manuel reproducimos esta entrevista realizada por Alberto Arregui y Jesús María Pérez en mayo de 1996 y publicada en el nº 10 de Nuevo Claridad, en su segunda época.

Nos recibe en una sala del Hospital Doce de Octubre en Madrid. A este luchador infatigable le ha dado, y nos ha dado, un susto el corazón. Pero la conversación deriva inmediatamente hacia la realidad política y sindical, aquello que siempre ha ocupado su vida. Las ideas fluyen en una charla que nos lleva con naturalidad a una época apasionante; la Transición. Pérez fue uno de esos miles de trabajadores que representan la auténtica memoria de la Transición. Siempre hay una historia oficial y una historia real; la oficial intenta ocultar a los auténticos protagonistas, que no fueron los “personajes” que sacan en televisión, sino hombres y mujeres que arriesgaron todo en su lucha por una sociedad mejor. Auténtica memoria viva que al compartirla con Pérez, nos hace sentirnos orgullosos de la clase obrera. Precisamente nos referimos al ambiente entre los trabajadores…

Manuel.-¡Qué diferencia! Los trabajadores ya no respetan al Comité de Empresa como antes en ENSIDESA. La reconversión la han metido poco a poco y los sindicatos lo han ido aceptando. Antes, cuando intentaron cerrar el Economato en el año 82, nos plantamos y se echó atrás. Ya lo han cerrado al ver que el Comité no lucharía y se lo han vendido a la cadena privada de supermercados ALDI. Ahora se materializa lo que se ha acumulado durante años, pero que no podían llevar a cabo por la lucha y la resistencia de los trabajadores. Recuerdo como a principios de los años 80 tuvimos un problema en Batería de Coque (Cook) con el jefe del departamento, un ingeniero que era un facha. Conseguimos que se lo llevasen a pesar de que este departamento no se puede parar del todo, pues el revestimiento refractario de las Baterías se vendría abajo. Bajamos al mínimo posible de coladas. Tuvimos una dura lucha en la que los trabajadores estaban en asamblea permanente, salvo a los que les tocaba el turno de mantenimiento. Los del Comité estábamos encerrados y discutíamos de todo: la OTAN, las nucleares, los Pactos de la Moncloa… Discusiones y debates que luego teníamos con los trabajadores de Baterías. Conseguimos que el resto de la fábrica hiciese una huelga en solidaridad.

Una experiencia de lucha

NC.- Es decir, que no sólo en los años 70 sino en los 80 se daba un buen ambiente de la lucha

En 1982 también tuvimos una larga y dura lucha de solidaridad con los trabajadores de Samoyco. Duró tres años. Los propietarios estaban descapitalizando la empresa, que pertenecía al sector de montajes y trabajaba dentro de ENSIDESA. Esta lucha estaba encabezada por los compañeros del Comité de Empresa de Samoyco, tanto los de UGT como los de CCOO. Yo estaba en la dirección de la lucha. Nos encerramos con ellos y más de una vez nos llevamos unos cuantos palos de la policía. Hubo momentos de mucha tensión y de radicalización. Se llegó a hablar de abrir las espitas de vapor de la fábrica y liarnos a tornillazos con la policía, pero eso hubiese acabado a tiros, así que nos acabaron echando. Pero lo usamos bien. Lo que queríamos era un paro general de ENSIDESA y acudimos a la prensa. Tuvo bastante eco y conseguimos paros de dos horas de todos los turnos. Si hubiésemos tenido más apoyo de la dirección de CCOO y UGT se hubiese conseguido más. Pero conseguimos que los trabajadores cobraran y se mantuviese la plantilla. Se aplazó durante algunos años el problema, es decir, la desaparición de la empresa. Hicimos manifestaciones dentro de la fábrica y por Avilés. Pretendíamos llegar a la plaza del Ayuntamiento (el “Parche”) pero casi nunca nos dejaba la policía, por lo que hubo enfrentamientos con ellos. Varios trabajadores se subieron a una chimenea de unos 80 metros. Hay que subir para saber lo que es eso. La chimenea se mueve, cimbrea porque si no se caería, y a pesar del “quitamiedos” se pasa bastante mal.

En esa lucha se produjo una anécdota con unas pintadas que aparecieron: “¡viva ETA! Muera la empresa”. Lo hablamos en una asamblea y les explique que el capitalismo no puede eliminarse a base de liquidar físicamente a los capitalistas. Tenemos que luchar todos. No sólo lo comprendieron sino que las borraron.

NC.- Esta no fue tu primera experiencia de lucha. ¿Cómo entraste en la lucha política?

No desde luego, mi participación en la dirección de la lucha de Samoyco venía de muy lejos. Para llegar a ser el dirigente de esta lucha llevaba mucha experiencia a la espalda. Yo conocí a un compañero llamado Tino Zapico, que entonces estudiaba leyes, a través de otro compañero, Baldomero, que era de la USO. Eso fue antes de la muerte de Franco, sería en el 73, en la clandestinidad. Dimos un paseo por el muelle y empezamos a charlar. Yo le dije que me consideraba más comunista que socialista. Yo había leído algunos libros de los que traían los barcos rusos y desde chavalín escuchaba Radio Pirenaica con un amigo de Málaga, cuyo padre era comunista. Zapico me insistía en que no había diferencias esenciales, que en el PSOE se defendía la teoría marxista y no se citaba a Lenin pero sí a Rosa Luxemburgo. Me pasó folletos y entré en la UGT.

Las reuniones que teníamos era con los pocos afiliados que teníamos, y sobre todo jóvenes, incluso alguno de ellos lúmpenes. En una reunión de 8 ó 10 me hicieron responsable de la UGT de Avilés y alquilamos un piso, pues hasta se momento nos reuníamos en diferentes sitios para que la policía no nos cogiera. Íbamos haciendo cosillas, algún panfleto… Denunciamos la corrupción que había en el puerto y se armó un gran revuelo en la fábrica (ENSIDESA) con unos panfletos que iba dejando por todas partes. Vinieron a por mí ya que era el más sospechoso de la sección del puerto y me pusieron vigilantes. Me dediqué a marearlos. Era un cachondeo porque todos los trabajadores me avisaban de dónde estaban y por dónde pasaban.

Después de la legalización de los sindicatos entré también en el PSOE, antes de las elecciones del 77. Cuando legalizaron los sindicatos se dio una afiliación masiva. Sólo en Ensidesa de Avilés teníamos 5.500 afiliados de 12.500 trabajadores. En el conjunto de Avilés habría más de 11.000 ugetistas.

Tuvimos una asamblea en el cine “Las Vegas” y fui elegido secretario general comarcal de la UGT. Era la primera vez que podíamos hacerlo abiertamente. Para esas fechas ya me había afiliado al PSOE y participé en la campaña electoral.

Después del 77 hicimos un mitin en la sala de fiestas de la calle de la Cámara, con Javier Solana, Rafael Fernández (que fue el primer presidente autonómico de Asturias) y yo. Ya se veían venir los primeros atisbos de la reconversión de ENSIDESA. Ellos estaban en precampaña ante las primeras elecciones municipales. Fuimos a ver a un compañero minusválido a consecuencia de las torturas en los campos de concentración nazis: él estuvo en el de Auschwitz. Había sido también de la Resistencia en Francia. ¡Quién iba a decir que Solana acabaría de Secretario General de la OTAN o Corcuera de Ministro del Interior!

Las primeras elecciones sindicales

NC.- Uno de los problemas que se debatía entonces era el de la unidad sindical ¿cómo se reflejó eso en Ensidesa?

En las primeras elecciones sindicales queríamos una candidatura conjunta entre UGT, CCOO, el Sindicato Unitario (SU, maoísta) y la CNT. Hubo una primera discusión sobre si listas abiertas o cerradas. Se celebró un referéndum en la fábrica que ganó ampliamente la postura de CCOO, que era la de listas abiertas. Yo, como responsable de UGT, fui el encargado de hablar con los compañeros de CCOO para discutir la composición de la lista conjunta. CCOO pretendía que de los 21 miembros que tenían que formar el Comité de empresa, 11 ó 12 fuesen para ellos, 5 ó 6 para UGT y el resto para el SU y CNT. Ellos querían a toda costa tener la mayoría absoluta. Yo no estuve de acuerdo y planteamos que CCOO tuviera mayoría pero por uno más que UGT. Aceptábamos 8 ó 9. El acuerdo no fue posible y cada sindicato se presentó al final por separado. Se celebraron las elecciones y el SU no sacó ninguno, ni la CNT. UGT sacó 18 y CCOO tan solo 3. En esa campaña vinieron a la empresa tanto Marcelino Camacho como Nicolás Redondo. De hecho, Marcelino Camacho, nada más bajar del avión preguntó al secretario general de CCOO cómo había quedado el referéndum y cómo iban a ser las listas de las elecciones y al responderle que con listas abiertas les dijo: “habéis perdido”.

NC.- Tuviste a Felipe González en el aeropuerto esperándote, retrasando la salida de un avión, ¿cómo fue?

Creo que fue en 1979, cuando se nos planteó el cierre en ENSIDESA de los “Hornos Siemens”. Recopilamos mucha información y queríamos darle en mano a Felipe González toda la documentación en la visita que hizo a Oviedo. Queríamos dársela en mano porque para nosotros era muy importante y queríamos que la estudiase el equipo económico del Grupo Parlamentario. Fuimos a ver a Rafael Fernández que era el responsable de la visita de Felipe a Asturias, para que nos buscara un hueco aunque fuese de cinco minutos. Nos contestó que era imposible que nos recibiese Felipe y que le diésemos la documentación a él, que se encargaba de que le llegase. Nos sentó fatal y como no nos fiábamos no le dimos el informe y nos fuimos. Así que nos volvimos a Avilés y por el camino nos íbamos cabreando cada vez más. Los tres compañeros que íbamos nos fuimos directamente a la “Casa del Pueblo” (la sede del PSOE) y allí les tiramos los carnets del Partido. Al poco rato de llegar a casa me llaman por teléfono y me dicen que me van a pasar a buscar, que Felipe me esperaba en el aeropuerto. Aquel día llovía en condiciones. Además pinchamos por el camino. Cuando llegamos Felipe corría hacia mí, recogió la documentación y me prometió que llegaría al Grupo Parlamentario y que nos darían respuesta. ¡El avión llevaba ya varios minutos de espera por Felipe González! En cuanto a la respuesta, aún la estamos esperando. Hasta ahora no he sabido “más nada”.

NC.- ¿Cómo viviste la Transición, qué pensabas que iba a traer?

Se veía que era una cuestión de contrapeso de fuerzas (acompaña las palabras con un gesto que imita una balanza con las manos). No sólo era la crisis de la burguesía española, sino de la burguesía internacional, que quería invertir pero sin la incertidumbre política. Tenían mucho miedo. Lo que hicieron Felipe y Carrillo fue negociar la “transición” a base de paralizar a la clase obrera. Lo consiguieron, tuvieron éxito, en cierta medida por la confianza que la clase trabajadora tenía en sus organizaciones tradicionales. Fue una traición descaradísima. Se veía que iban a sacar adelante la Reforma política por la nula voluntad de generalizar la lucha. Si Carrillo hubiese levantado un dedo hubiésemos tenido una Huelga General en todo el país. Cuando la matanza de los abogados de Atocha, el furor y la rabia del movimiento obrero eran tremendos. Pero se nos dijo: “¡quietos, el Ejército!”. Se dedicaron a asustar con el miedo al Ejército. Fue igual que en la Guerra Civil. Entonces era “primero ganaremos la guerra, después pensaremos en la revolución”: Ahora era, “primero la democracia, luego el socialismo”. Pero hay que hacerlo a la vez; una revolución hay que hacerla de una vez, movilizando, creando soviets…

Por qué luchamos

NC.- La historia oficial insiste en la idea de que en los años 60 y 70 luchábamos por lo que después hemos tenido ¿tú crees que fue así?

No. Había mucha gente que luchaba por otra cosa distinta de lo que hemos tenido después. Muchos luchadores no comprendían las consecuencias de una política de pactos. No entendían entonces la diferencia entre una política de ruptura y una de pactos. La de pactos significaba mantener todo intacto, el mantenimiento del aparato represivo… lo comprendieron después y por eso se marcharon a casa tantos: frustrados, desilusionados. Yo mismo tenía dudas de qué significaba exactamente la ruptura. No había nadie que lo explicara. Faltó una organización política fuerte que lo explicara

NC.- Los demás abandonaron, pero tú no.

La diferencia fue que yo veía, más por intuición que por otra cosa, lo que iba a pasar con un pacto. Veía sobre todo que todo el aparato del Estado franquista iba a quedar intacto.

NC.- Así que no te sorprendió tanto.

¡Exactamente! Eso es, a muchos el Pacto les cayó como la caída del Muro de Berlín, les aplastó. En esa época ya era marxista, ya conocía el Nuevo Claridad, tenía un foro de debate y eso me ayudó a ir más allá.

NC.-¿Cuándo y por qué te pasaste a CCOO?

Hacia el año 1980 ya estaba muy desilusionado del Comité de Empresa de ENSIDESA y del grupo de UGT. Veía dietas por todas partes, cobro de viajes inexistentes, mucho despacho, ascensos… Pensé que en CCOO había más compromiso con el movimiento obrero. En UGT había hasta alguno que era de sectas reaccionarias como “Adoración nocturna”.

NC.- Ahora estás jubilado pero sigues en la brecha…

Me jubilé en el año 1990. Fue una jubilación anticipada por la reconversión. Pasé a la Federación de Jubilados y Pensionistas de CCOO y fui elegido responsable del sindicato comarcal. Y a raíz de un congreso entré en la Comisión Ejecutiva de la Federación de Asturias. También estoy participando en IU.