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Marina Albiol

Portavoz de la delegación de Izquierda Plural en el Parlamento Europeo

Para mucha gente puede parecer que el destino es pasar de unas elecciones a otras lamentándose del resultado de las anteriores y depositando esperanzas en las que están por venir.

Las elecciones son una parte esencial del funcionamiento del sistema burgués llamado democracia parlamentaria, y eso nos lleva a una primera reflexión: las consultas electorales no están diseñadas para que el sistema cambie, sino precisamente para todo lo contrario, para entorpecer en todo lo posible que el sistema cambie en cualquiera de sus aspectos esenciales.

 Por eso, al haberse generado en la sociedad una ola de cambio, el sistema recurre a la alternancia de partidos que, aunque tienen diferencias, comparten algo esencial: dejar que en lo decisivo, es decir la economía, la propiedad de los grandes recursos, la información, la educación y el aparato del Estado, sigan mandando los de siempre. Esto es  lo que hoy llamamos bipartidismo y que encarnan PP y PSOE.

Es un error decir que PP y PSOE son lo mismo. Ni su historia, ni sus raíces, ni, especialmente, sus votantes son iguales. Sin embargo, en su programa de verdad, no el de papel, sino en el que llevan a la práctica, sus diferencias tienden a disolverse y sólo en el terreno de algunos derechos democráticos el PSOE discrepa con el PP. Algo imprescindible, por otra parte, porque para poder jugar el papel de la alternancia se debe discrepar en lo accesorio para preservar lo esencial.

 Pero hay excepciones, hay momentos en los que la historia nos da la posibilidad de provocar un cambio y no nos perdonará el no aprovechar la oportunidad.

El cambio histórico no es una fruta madura que cae con el paso del tiempo. En política es necesaria la acción. Es más, sólo de la acción resuelta, de la capacidad de movilizar la fuerza social y ofrecer una alternativa que prenda en la sociedad, que identifique la necesidad histórica con el estado de ánimo, las necesidades materiales del pueblo trabajador con las medidas a aplicar, la esperanza en el cambio con la confianza en las personas candidatas a representar ese movimiento, sólo con esos factores se puede convertir el cambio potencial en cambio real.

Si la oportunidad se desaprovecha, el régimen bipartidista se recompone y el sistema seguirá exprimiendo nuestras vidas con el desempleo, los desahucios, el retroceso en los derechos democráticos, la doble explotación de la mujer o la negación del derecho a decidir de los pueblos.

El diagnóstico, ser capaces de apreciar la dirección de los acontecimientos, es vital y determinante. Pero un fotograma no basta para comprenderlo, necesitamos la película entera. Cualquiera entiende que lo importante no es saber si tenemos 39 grados de fiebre, sino, más aún, qué temperatura teníamos ayer y antes de ayer. Pues lo decisivo de un proceso es entender su evolución. La diferencia es una perspectiva de curación o una de empeoramiento.

Y la película que mostraron los resultados de las elecciones europeas nos proporcionó una imagen clara acerca de la grave enfermedad de la izquierda en general y de Izquierda Unida en particular.

Después de lo que ha pasado en Andalucía, con un retroceso de Izquierda Unida y una incapacidad de Podemos para ser alternativa, no estaríamos a la altura de lo que nos demanda nuestra gente si no somos capaces de reflexionar en común y rectificar para emprender otro camino.

Desde Izquierda Unida, eso supone apostar por la confluencia, poner la organización en manos de la militancia y no de los aparatos, la transparencia más absoluta y la movilización tras una dirección renovada con el compañero Alberto Garzón a la cabeza.

Una izquierda transformadora, fragmentada y con un porcentaje electoral como el obtenido en Andalucía tiene ante sí dos retos tan evidentes como difíciles: unirse en la movilización y en un programa común que responda a las aspiraciones del pueblo, y ser capaces de arrebatar al PSOE la mayor parte de su electorado.

Todas las demás consideraciones deben estar sometidas a este objetivo, el de hacer de las próximas elecciones generales el punto de apoyo de un cambio decisivo. Transformar la izquierda con lucha, unidad y programa es la palanca imprescindible para transformar la sociedad.03