Archivo digital de la revista marxista Nuevo Claridad

Si algo demuestra que hemos entrado en una época distinta de la historia es la Huelga General del pasado día 14. Hace mucho tiempo que la clase obrera juega con desventaja en su lucha por defender sus derechos frente a la patronal, los banqueros y sus gobiernos, hace mucho tiempo que la burguesía europea coordina sus ataques, bajo la batuta del capitalismo alemán, contra las familias obreras. Tengan las contradicciones que tengan entre ellos (y claro que las tienen) defienden un interés común: robar a los pobres para entregarlo a los ricos. En términos más económicos: operar un gigantesco trasvase de recursos económicos de las rentas del trabajo a las rentas del capital. Y esto lo hacen a través de diversos medios, tomando medidas legislativas, convirtiendo las deudas privadas en deuda pública, rebajando los sueldos, aumentando la explotación, arrojando a millones al paro, abaratando el precio de la fuerza de trabajo, reduciendo los gastos sociales..., en definitiva incrementando la plusvalía, aumentando la rentabilidad de las inversiones DEFENDIENDO CON INTRANSIGENCIA SUS INTERESES DE CLASE POR ENCIMA DE LAS FRONTERAS NACIONALES EUROPEAS.

Y esa ha sido una de las mayores aportaciones de la huelga general, un paso adelante en la lucha por encima de las fronteras, de la unidad de la clase obrera europea en el terreno de lucha en el que se juega nuestro futuro más inmediato: el continente europeo. Ésta huelga estaba enmarcada en una jornada de lucha europea en la que también hubo huelgas generales o parciales en Portugal, Italia, Grecia…  De nuevo adquiere sentido la vieja consigna: ¡Proletarios de todos los países, uníos!

La huelga general convocada por los sindicatos el 14 de noviembre ha tenido un gran seguimiento.

Los trabajadores industriales, como suele suceder, la han secundado mayoritariamente. Según el indicador de Economistas Frente a la Crisis pone de manifiesto, “el consumo de electricidad imputable a la actividad productiva ha caído, desde las 00 horas del día de hoy 14 N y hasta las 24 horas, un 66,8%”.

Los trabajadores del sector público se han implicado más en el desarrollo de la misma que en ocasiones anteriores al encontrarse bajo ataques brutales como ha sido el reciente caso de los hospitales de Madrid. En este sector se distorsiona el seguimiento de la huelga de forma muy significativa al negar el derecho a huelga a importantes colectivos de trabajadores (bomberos, policías, directores de colegios y escuelas, ciertos departamentos de la sanidad…) y al limitarlo abusivamente en otros a través de los servicios mínimos (transporte, empresas públicas, educación, resto de la sanidad…).

En el sector productivo privado la extensión de la precariedad deja el derecho a huelga en una declaración vacía de contenido.

Y los cerca de 6 millones de parados, ¡qué más quisieran que poder ejercer el derecho a no trabajar un solo día! 

Pero lo que ha quedado claro es que la participación en las manifestaciones ha sido abrumadoramente masiva. Probablemente superior al de huelgas anteriores a pesar de las cifras ridículas que se empeñan en ofrecer las instituciones oficiales y la prensa diaria.

La protesta y la oposición a la política de recortes del PP ha sido clara y masiva. El PP, por su parte, se ha reafirmado en su política tanto en la esfera nacional, como en las autonomías y ayuntamientos. Entonces, ¿ahora qué? ¿Tenemos que seguir pidiendo el cambio de política al Gobierno del PP? El Gobierno de Rajoy no va a cambiar de política ni aunque un auténtico tsunami social le ponga contra las cuerdas. No van a cambiar de política porque su política no es un “error” sino que es la forma en que el sistema ha afrontado las crisis siempre. Ellos saben perfectamente cuales son las consecuencias de los recortes, tanto en la economía como en las personas, pero eso les da igual. Lo fundamental es que en una situación en la que se produce una crisis de sobreproducción, con exceso de capacidad productiva instalada y con sobreproducción de capital, así como de muchos bienes básicos, como el ejemplo evidente de la vivienda, ellos, desde su punto de vista de clase, solo tienen una opción: destruir parte de las fuerzas productivas y estrujar más a fondo el factor trabajo hasta volver a recuperar el nivel de rentabilidad necesario para justificar que se mueva la inversión. Por eso el desempleo masivo es un producto natural del capitalismo y no un fallo en su funcionamiento. Es una característica intrínseca del sistema, de su funcionamiento anárquico a base de auges y recesiones.

Desde el punto de vista político tampoco se sienten tan amenazados para tener que cambiar de política porque saben que sólo tienen que aguantar, porque la supuesta alternativa, el PSOE, está peor que ellos. La tarea de los trabajadores es acabar con la política de recortes, y para conseguirlo, no hay más remedio que plantearse acabar con el gobierno del PP. Pero para derrocar al gobierno Rajoy, es necesario tener una alternativa de gobierno de izquierdas, de no ser así no tendríamos un referente, un objetivo, la firmeza que da tener un proyecto tanto de gobierno como de programa. La situación del PSOE demuestra que para la gran mayoría de los trabajadores no supone ninguna alternativa la vuelta de un gobierno con la política de Zapatero, que es lo que nos sigue proponiendo la dirección encabezada por Rubalcaba. Además, como se ha demostrado en los resultados que el PSOE ha obtenido en Galicia y el País Vasco, y a pesar de la caída del PP, no es capaz de representar una alternativa. Hay que organizar la lucha para acabar con el gobierno, pero, al mismo tiempo, hay que levantar una alternativa política cuyo eje central sea la oposición a los recortes y la negativa total a participar en ningún gobierno que acepte los recortes sociales. Generar una alternativa con credibilidad, que canalice la indignación, que siembre la esperanza, que defienda un programa que ofrezca la solución a nuestros problemas transformando la sociedad.

En estos momentos IU y los dirigentes sindicales tienen una responsabilidad especial. Son ellos los que están en la posición de marcar una orientación firme a un movimiento que es evidente que va en aumento. Syriza, en Grecia, marca el camino. Han demostrado que una organización pequeña en la medida que mantiene su oposición a la política de recortes sin ceder a las presiones que les llegan de todos los lados, no sólo se ha convertido en la opción mayoritaria de la izquierda sino que están a las puertas de ser opción de gobierno. Es necesario un frente de izquierdas basado en el rechazo tajante de la política de recortes sociales que haga un llamamiento a toda la base del PSOE, denunciando la política de sus dirigentes, para unir fuerzas en torno a una política que represente realmente los intereses de los trabajadores.

La fuerza que se ha mostrado en la huelga y, sobre todo en las manifestaciones, ofrece un potencial casi ilimitado. Si esa fuerza potencial se organiza en torno a un programa común y a una opción electoral común, nada podría pararla. Es la hora de los trabajadores, de las trabajadoras y de los jóvenes. El sistema de “libre mercado”, ha fracasado. No es capaz de ofrecer ni un futuro esperanzador ni siquiera un presente aceptable. El PP es un monigote en manos de la banca nacional e internacional. Y la política socialdemócrata de que sean otros los que hacen lo recortes para “limitar el daño”, tampoco sirve de nada. Hay que acabar con el dominio de un puñado de banqueros, con la dictadura de unos pocos cientos que controlan la vida de millones de personas. No hay otra alternativa. Con ellos en el gobierno sólo podemos esperar una catástrofe para la clase trabajadora. Los derechos laborales y sociales que habíamos conquistado con nuestras luchas en el pasado están siendo eliminados; los salarios recortados hasta los huesos; las pensiones amenazadas… No podemos permitir que cada día haya un sector más amplio de los trabajadores que son excluidos de los servicios públicos, de tener una vivienda digna, o simplemente del empleo.

Hemos de decir ¡basta! En la organización, en nuestra organización, está nuestro futuro.

Esta huelga tiene que ser el primer paso para una huelga general europea, el arma decisiva para enfrentarnos a nuestro enemigo que no es otro que el conjunto de la burguesía europea, debe ser el camino para ser intransigentes en la defensa de los intereses de nuestra clase.

Los tiempos han cambiado, la época del pacto social ha muerto, sólo cabe derrotarles o ser derrotados.

El 14 N, nadie lo dude, nos da la esperanza de derrotar los planes de la burguesía.